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En
1859, en su célebre libro sobre el origen de las especies, Charles
Robert Darwin sorprende a la humanidad con la inquietante teoría
sobre la evolución de las especies. Sostiene que las distintas
formas de animales y vegetales existentes hoy sobre la tierra
se derivan, por evolución lenta, de unas pocas especies primitivas
más simples bajo la omnipresente acción de la selección natural.
El ser humano había dejado de ser el centro de la creación para
convertirse en un animal más de la cadena.
Los seres humanos, aunque parezca una obviedad, estamos sometidos
a las mismas leyes que todas y cada una de las cosas que nos rodean
y somos la consecuencia de todos y cada uno de los acontecimientos
y situaciones que han ocurrido a lo largo de la historia del tiempo.
La mente humana sigue un proceso muy similar en dos vertientes
complementarias. Vertiente individual y vertiente colectiva se
funden en cada sujeto uniendo, por un lado, la evolución de la
mente humana a lo largo del tiempo y la evolución propia de cada
sujeto a lo largo de su vida.
La mente también tiene sus propias
leyes, sus propios procesos y su propia dinámica y estos, como
no puede ser de otra forma, responden al esfuerzo del hombre para
adaptarse a lo que le rodea.
A finales del siglo diecinueve, Sigmund Freud revolucionaba la
psicología con la creación del psicoanálisis y todos los conceptos
que de él se desprenden. El hombre dejaba el timón del barco a
los contenidos más profundos de su mente...
El ser humano está confuso. Al ser humano, por lo general, le
es extremadamente difícil adaptarse al medio que le rodea. Angustia,
culpa y complejos de inferioridad son moneda de cambio habitual
en nuestra mente.
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Somos
nuestro pasado y la infancia es su piedra angular. La infancia...
Resulta complicado abarcar la significación que este período tiene
en nuestras vidas. La infancia es, de salida, un período de preparación.
Nos preparamos para enfrentar la vida bajo las mismas leyes que
cualquier otro ser vivo de nuestro planeta y la ley principal
es la vida misma, la procreación de vida. La procreación y la
supervivencia son los pilares sobre los que se asienta la esencia
de la vida y nosotros, los seres humanos, somos vida. Lo que hace
diferente al ser humano es su inteligencia, su grado de consciencia.

El ser humano es un ser inteligente
en el mismo medio y bajo las mismas leyes que los demás seres
y, evidentemente, eso se manifiesta en nuestra consciencia, en
nuestros pensamientos, en nuestras sensaciones y nuestros sentimientos.
Inteligencia e instintos se unen en nuestra mente y, muchas veces,
no lo hacen de la forma más equilibrada.
Los instintos sexuales y agresivos atraviesan su proceso de amoldamiento
más severo en las diferentes fases infantiles a modo de preparación
para una correcta adaptación posterior a la vida.
Es en el inicio de nuestra adolescencia
cuando este proceso comienza a detenerse para dar paso a "esa
cosa" para la que nos habíamos preparado. Ya me he hecho mayor
y salgo a un mundo prefabricado en base a opiniones familiares,
ideologías varias, televisión... y, por si fuera poco, unos instintos
cuya satisfacción-insatisfacción no conecta muy bien con lo aprendido.
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La
infancia es un periodo de preparación, es un periodo esencial
de nuestras vidas que sirve para prepararnos, para darnos la capacidad
y las instrucciones necesarias para ser nosotros mismos en el
entorno que nos rodea y para, en definitiva, desarrollarnos como
seres humanos en el sentido más amplio del concepto pero, en multitud
de ocasiones, las cosas no se suceden como a nosotros nos gustaría.
Muchas veces nos sentimos encarcelados
en nosotros mismos, encadenados a sensaciones y pensamientos que
molestan y no nos dejan ir más allá o a modos caducos de actuar
de los que no podemos escapar. Es ahí cuando el inconsciente hace
su aparición a modo de recuerdo. Recuerdo de que algo pasa, de
que algo no va bien. Aviso de conflicto de intereses, de prioridades
que no concuerdan con lo aprendido. Señales de un error en el
proceso de aprendizaje.
Cada uno de nosotros hemos ido reprimiendo necesidades, sentimientos
y sensaciones en función de la presión de los demás, de los otros,
en un enfrentamiento permanente entre el individuo y los demás,
entre el individuo y los otros. Eso, evidentemente pasa factura.
La mente no es un pozo sin fondo al que podamos arrojar todo aquello
que no nos guste o todo aquello a lo que no nos queramos enfrentar
sin esperar contrapartidas. Estas contrapartidas, estos desequilibrios,
son las barreras con las que un ser humano se enfrenta en su camino
hacia él mismo.
La infancia es un período enigmático
y, a la vez, determinante en todos y cada uno de nosotros. Merece
la pena pensar y recrearse en ella... Cuesta mucho trabajo encontrar
respuestas en medio de tanto caos pero, por suerte o por desgracia,
esa es una labor cuyo peso recae en uno mismo.
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